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Racionalizar las infraestructuras
Última actualización :: 19/07/2010 @ 15:18:37 (GMT+1)
La portada de este número 32 de Mercados de las Infraestructuras y la Construcción deja poco lugar a las dudas y al optimismo a corto plazo: las perspectivas del sector son muy duras y la recesión está lejos de haber terminado. Ante esto, hay que descartar la resignación y la inoperancia. Es la gran ocasión para las grandes reformas y los golpes decididos de timón. Todo está por hacer, así que todo es posible. Pongámonos manos a la obra.
El horizonte de recesión y abultado déficit público nos anuncia cuatro ejercicios presupuestarios en los que pintan bastos para la inversión pública en infraestructuras. El realismo nos impone ser rigurosos y decir claramente que muchas de las líneas de alta velocidad emprendidas y proyectadas tienen unas previsiones de tráfico que no garantizan una mínima rentabilidad. El mercado nos impone ahora criterios de rentabilidad muy nítidos, pues las arcas públicas van de dejar de regar los sueños suntuarios. Todos los informes de expertos coinciden en señalar el enorme déficit de productividad de la economía española, así que toda infraestructura proyectada debe contribuir claramente al incremento de la productividad global de nuestra economía. Es el momento de racionalizar con rigurosos criterios el sector de las infraestructuras y la construcción.
Por otro lado, el número de viviendas iniciadas en el primer trimestre del año es el peor dato desde 1960. La construcción no sólo no ha tocado fondo, sino que aún destruirá miles de empleos durante lo que queda de año y en 2011. La letal combinación de contratos temporales muy flexibles con contratos fijos muy inflexibles condiciona la respuesta del empleo y lastra la recuperación. Sólo el recorte de 6.400 millones de euros de inversión anunciado por Fomento supone unos 150.000 parados más, según la patronal Anci. Si a eso añadimos que el sueldo de los trabajadores de la construcción subirá el 1,5% este año y registrará otro incremento del IPC más 1,5 puntos en 2011, tenemos el desatino servido. Una vez más, ha primado la componenda política frente a la racionalidad económica, pues es del todo evidente que dicho acuerdo no corresponde para nada a la aguda crisis a la que nos enfrentamos.
Podemos perder no sólo años, sino décadas de desarrollo, si no reaccionamos con agilidad y rapidez. Debemos poner la evidencia y el acento en que la racionalidad económica, la competitividad global de nuestra economía, sea el norte y guía que nos presida. Somos campeones mundiales de la crisis inmobiliaria y la economía que más depende de la vivienda. Ahora que somos campeones mundiales de fútbol, preparémonos para ser también campeones de las reformas estructurales, del rigor y la racionalidad.
Consejo Editorial
Mercados de las Infraestructuras y la Construcción




