Septiembre de 2011 - AÑO V - Nº 44    6 de febrero de 2012
Editorial
Nadie discute que Brasil se perfila como una de las potencias del siglo XXI. Pueden existir dudas sobre cuál será su posición en el ranking mundial de las naciones predominantes dentro de algunas décadas, pero mucho deben cambiar las cosas para que pierda su ya indiscutible liderazgo en América del Sur, donde la tradicional competencia con Argentina por el primer lugar se ha resuelto claramente a su favor. No se trata solo de peso económico y demográfico, pues en eso Brasil aventajaba a Argentina desde ya hace mucho tiempo, sino de influencia en la región, donde el vertiginoso ascenso político-económico del Brasil de Lula ha coincidido con el progresivo declive argentino. La política exterior brasileña en América Latina es cada vez más la de un país con fuerte influencia sobre sus vecinos, pero el ámbito de acción de Brasil no se limita a América del Sur; las dificultades políticas de México le están facilitando el convertirse en líder latinoamericano y no es descartable que a medio plazo pueda, incluso, perfilarse como un contrapeso a Estados Unidos en el conjunto de toda América.

Pero sería un error pensar que la influencia brasileña se limitará al ámbito americano. Aunque su poderío dentro de las potencias emergentes no sea comparable al de China o India, y la suya sea la economía que más dudas suscita a medio plazo dentro de ese grupo emergente, Brasil ya habla con voz propia en el contexto mundial. Es evidente la independencia de sus decisiones políticas, el respeto que inspira en Estados Unidos y el interés que despierta en Europa. Por otra parte, si bien su carácter luso-parlante es un inconveniente en América Latina –que los brasileños superan a marchas forzadas promoviendo el conocimiento del español– , sin duda es una vía para la penetración en África a través de países como Angola, Mozambique y Cabo Verde.

Por otra parte, y pese a sus vertiginosos avances, parte importante de Brasil está aún por construir o tiene deficiencias importantes en cuanto a infraestructuras. De ahí que represente una inmensa oportunidad de negocio para las empresas de la construcción y la energía. Prácticamente todas las grandes compañías españolas ya trabajan allí, pero el desembarco puede ser menos sencillo de lo que parece, pese a las afinidades culturales y ser el portugués una lengua muy próxima al español. La vinculación económica entre nuestro país y Brasil solo puede traer beneficios a ambas partes, de ahí que nuestras publicaciones hayan promovido las jornadas Oportunidades de Inversión Brasil 2011-2015, como una aportación al imprescindible engarce de los respectivos clusters españoles y brasileños en actividades comunes, especialmente las relacionadas con las ­áreas­ que prioritariamente cubrimos, como construcción, infraestructuras, energía y medio ambiente, pero también en un aspecto siempre muy importante y, hoy en día, crucial: la financiación.

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